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Cuentos reinventados: Rapunzel

03-31-2012

Los cuentos clásicos reinventados continúan, no creas que me olvido. Esta vez la historia es de una chica con el cabello muuuy largo y saludable: Rapunzel. Lo que encontrarás a continuación es la versión de esta servidora, payasa Agapita.

Había una vez, en un campo muy apartado, una pareja que desde hace mucho deseaba ansiosamente tener un bebé. Un día inesperado, la mujer sintió esas señales peculiares del embarazo, por lo cual se alegró mucho y le dio la gran noticia a su esposo. La finca de ellos colindaba con otra, la cual estaba rodeada por muchas verjas. En su interior había un bello jardín con muchas flores preciosas, además de una siembra de frutos exóticos. Nadie se atrevía entrar allí porque era difícil la entrada y porque vivía una doña muy pero que muy malvada.

Fruta de cundeamor

Un día, mirando hacia el terreno de la doña, la mujer embarazada se fijó en una planta de cundeamor cargadita de la fruta. A mala hora lo vio porque le dio un antojo terrible. Le insistió tanto a su esposo que a él no le quedó más remedio que meterse a la finca de la doña, al caer la noche, y tomó un cundeamor.

Pero los antojos aumentaron, y para evitar el mal de ojo de la embarazada, el esposo decidió volver a la finca a recoger más cundeamor. Pero tan pronto entró y estaba a punto de agarrar la fruta, se encontró de frente con la doña: “¿Eres tu el pillo que me está vaciando la plantita?” le gritó furiosa. El hombre sí que entró en crisis, porque tras que tenía que bregar con los antojos del embarazo de su esposa, también lo mangó la doña mientras se tumbaba la fruta exótica. A él no le costó mas remedio que explicarle el motivo de su intrusión.

Entonces la doña dijo, (sospechosamente muy calmada): “Si eso que me dices es verdad, dejaré que recojas las frutas que quieras, pero a cambio me tienes que dar ese bebé tan pronto nazca. Mis hijos ya crecieron y se fueron, y me dejaron sola. Así que ahora yo criaré a ese bebé y seré como su madre”. El hombre estaba con un susto tan grave que aceptó sin pensarlo (tanto nadar para morir en la orilla). Cuando su esposa dio a luz, una niñita muy hermosa, la doña llegó a su casa y se la llevó.

Imagen: KlavdijL, de sxc.hu

Esa niña era muy linda y se llamaba Rapunzel. Cuando cumplió doce años, la doña la encerró en una torre en lo más apartado de su finca. Esa torre no tenía ninguna puerta ni escaleras, sino que tenía una ventana pequeñita. Cada vez que la doña quería subir a lo alto de la torre, se paraba bajo la ventana y gritaba:

¡Rapunzel, Rapunzel, suelta el cabello que te voy a ver!

Rapunzel tenía un abundante cabello largo, dorado como el sol. Lo mantenía fuerte y sedoso utilizando productos para el cabello hechos por una cubana que siempre tenía la respuesta para cualquier problema de belleza ;) (comentario ochentoso). Y siempre que la chica escuchaba a la doña, se soltaba el pelo, lo ataba en una larga trenza y lo dejaba caer al piso. Entonces la doña se enganchaba y se subía hasta la ventana. Un día un galán, que cabalgaba por el campo, pasó por la finca y escuchó una canción tan gloriosa que se acercó para escuchar. Esa que cantaba era Rapunzel. Atraído por una voz mucho más melodiosa que la de la Chimoltrufia, el joven buscó entrar a la finca pero todo fue en vano. Lo único que veía era verjas y mas verjas. Sin embargo, la canción lo había tocado tanto, que lo hizo regresar a la finca todos los días para escucharla. Pensaba que si se acercaba bien, podría grabarla para subirla a youtube, que se volviera viral y que participara en alguno de los realities de canto.

El secreto de Rapunzel

Uno de esos días en que él iba a escondidas, vio a la doña acercarse a los pies de la torre. El joven curioso se escondió detrás de un árbol para observar y la escuchó decir: “¡Rapunzel, Rapunzel, suelta el cabello que te voy a ver!” Rapunzel soltó su larga trenza y la doña se enganchó y trepó hasta la ventana.

¡Matanga dijo la changa! Bueno, algo así dijo el galán, con la intención de treparse luego él. Al día siguiente, cuando cayó la noche, brincó la verja y llamó:

¡Rapunzel, Rapunzel, suelta el cabello que te voy a ver!

Sin perder tiempo, el muchacho se trepó. Rapunzel, cuando lo vio, se asustó pero él le explicó que se enamoró de su dulce voz mientras cabalgaba por allí cerca. Entonces Rapunzel olvidó su temor (recuerda que siempre había vivido allá arriba y no le enseñaron eso de “no saludes a los extraños”). El joven le preguntó si quería ser llevada a un reality show, a lo cual ella accedió sin pensarlo. Ya ella estaba hasta el tepe de verlos por la televisión y no poder participar por estar encerrada (y ensorrada) en la torre.

El meme del año, 2011, dedicado a Rapunzel

El chico la visitaba todas las noches para ver los realities juntos y twitear a los que eliminaban. La doña, que subía solamente durante el día, no sabía nada… Hasta que un día, la doña bajaba trabajosamente por la trenza y oyó a Rapunzel quejarse de que ella pesaba más que “el galán”. La doña reaccionó gritándole: “Ahhh!!! Con que tienes visitas nuevas, ah??? Ay ya, la mas social”. Furiosa, la doña recortó el cabello de Rapunzel al nivel de los hombros. También la dejó abandonada en otro monte mucho más lejano (donde no llegaba ninguna señal de televisión) para que meditara en la soledad.

Cuando volvió a la torre, la doña se ocultó tras un árbol de aguacate hasta que vio llegar al joven y llamar a Rapunzel. Con el enojo que tenía, la doña salió del escondite y le gritó: “Perdiste a Rapunzel para siempre, para siempre, para siempre… Jamás volverás a verla”. Eso entristeció al muchachito, quien ya tenía la fecha de una audición para llevar a Rapunzel. Luego, la doña le echó gas pimienta al joven, dejándolo ciego.

Incapaz de volver a su hogar, el chico sólo daba vueltas por el campo aquel. Al raaaaato, por casualidad, llegó al solitario lugar donde la doña había dejado a Rapunzel. Al escuchar la melodiosa voz, se dirigió hacia ella. Rapunzel rápido lo reconoció y se puso muy contenta de verlo. Luego le echó leche a los ojos del muchacho para que se le fueran los efectos que quedaban del gas pimienta. De inmediato sus ojos volvieron a brillar y pudo volver a ver como antes. Entonces, felices por encontrarse nuevamente, los dos se fueron a una audición, pasaron y participaron de un exitoso reality dirigido a las artes musicales. De más está decir que Rapunzel ganó. :-D

FIN

Cuentos reinventados: Blanca Nieves

11-16-2011

Este es otro de los cuentos clásicos reinventados por muá, payasa Agapita y la colaboración del payaso Che-ché. Esta es la historia de Blanca Nieves.

En una islita lejana en el Caribe vivía una niña muy linda llamada Blanca Nieves, hija del señor Nieves. La niña tenía una vecina que era muy vanidosa. La llamaban la reina porque había ganado los últimos diez concursos anuales de belleza.

Imagen: Josep Altarriba de sxc.hu

Esa vecina, la reina, se pasaba observándose frente al espejo, y le preguntaba a éste:

- Espejito, espejito, ¿quién es la más bella?

Y, pues, el espejo respondía:

- Tu eres la más hermosa de todas las mujeres.

Un día, la reina decidió remodelar su casa y guardó el espejo porque tenía un diseño passé. Así fueron pasando los años, y no en vano. Blanca Nieves creció, convirtiéndose en una hermosa joven. Y la reina, todo lo contrario: en su rostro aparecieron las arrugas y las patas de gallina. Hacía tiempo que la reina no le preguntaba al espejo, hasta un día en que lo encontró mientras limpiaba la casa. Le volvió a preguntar:

- Espejito, espejito, ¿quién es la más bella?

Pero esta vez el espejo respondió:

- Blanca Nieves es la más hermosa de todas las mujeres.

En mal momento escuchó la respuesta del espejo, pues el concurso de belleza anual se celebraría pronto en el pueblo y la reina recibiría un reconocimiento por ganar durante los últimos 25 años.

Entonces la reina, llena de ira y de envidia, se puso a hacer maldades a su vecina. Le tiraba huevos a su casa, le ponía música en alto volumen todos los días y mandó a hacer cruzacalles con burlas a Blanca Nieves. A Blanca Nieves no le costó más remedio que mudarse.

-”Perfecto”- pensó la reina. -”Si Blanca Nieves ya no está en el pueblo, yo seguiré siendo la más linda y me llevaré la corona otra vez”.-

Lo que no sabía ella es que la mudanza no fue para otro pueblo. Blanca Nieves se mudó para otro barrio. ¿Para qué irse lejos?

Imagen: Csaba Moldovan de sxc.hu

Mientras se mudaba a su nuevo hogar, sus nuevos vecinos, siete enanos, la ayudaron a completar la mudanza y la invitaron a un café. Ella entró a su casa y descubrió que los muebles eran pequeñísimos. Sobre la mesa había siete platitos con sus respectivos cubiertos diminutos. Tan pequeño era todo lo que había en la casa, que cuando le sirvieron el café, Blanca Nieves pensó que era un pocillo mientras los enanos consideraban que era una taza grande.

Ella les contó su historia sobre la vecina reina y los malos ratos que pasó. Los enanitos le suplicaron que se quedase en este nuevo hogar y Blanca Nieves se alegró mucho de tener vecinos como ellos.

Por otro lado, en el antiguo barrio, la reina estaba confiada de que Blanca Nieves estaba fuera del pueblo y volvió a preguntar al espejo:

- Espejito, espejito, ¿quién es la más bella de este pueblo?

Para su sorpresa, el espejo respondió:

- Sigue siendo Blanca Nieves, que ahora vive en otro barrio.

Furiosa y vengativa como era, la vecina se disfrazó de viejita (ya que por su edad no se podía disfrazar de niña) y fue al sector donde vivían los enanitos. Allá Blanca Nieves estaba sola porque los enanitos se habían ido a trabajar. La reina en su disfraz ofreció a la joven un bizcocho envenenado dizque para recaudar fondos para una égida. Como Blanca Nieves tenía un corazón tan noble, le compró el bizcocho. Al meterle el primer mordizco se cayó desmayada en el balcón.

A la tarde, cuando los enanitos regresaron de trabajar, encontraron a Blanca Nieves tirada en el piso con el bizcocho en la mano. Como observación, el bizcocho no tenía ni una hormiga cerca. Los enanos pensaron que Blanca Nieves había estirado la pata, y como todos consideraban que ella era la más bonita, que hicieron una urna de cristal para velarla allí en el barrio y que todos vieran su hermosura por última vez.

Al día siguiente suspendieron el concurso de belleza para que la gente de todo el pueblo fuera a darle el último adiós a Blanca Nieves. Entre ellos, llegó un joven que había estudiado con Blanca Nieves y siempre había estado enamorado de ella pero nunca se lo había dicho. Pensando que había perdido su oportunidad con Blanca Nieves, comenzó a llorar encima del ataúd hasta que una de sus lágrimas llegó a ella y la despertó. Esa lágrima rompió el hechizo de la reina malvada.

Imagen: Shyle Zacharias de sxc.hu

Cuando vieron que Blanca Nieves despertó, la mitad de la gente se asustó y salió corriendo. Los que quedaron celebraron que ella estaba bien. El joven aprovechó ese momento para declarársele y todo el pueblo acordó realizar el concurso de belleza allí donde estaban y declarar a Blanca Nieves la nueva reina.

Blanca Nieves se alegró un montón, se hizo novia del chico enamorado, los enanitos montaron su propia empresa como promotores de belleza y modelos (buscadores de talentos) y todos vivieron felices para siempre.

Post data: La ex-reina mala se mudó a Isla de Cabra, donde era la única residente de la isla. Así todos los años organizaba su propio concurso de belleza donde ella ganaba por falta de participantes.

FIN

Cuentos reinventados: La bella durmiente

10-12-2011

Aquí continúo con los cuentos infantiles. Ya ha pasado mucho tiempo que escuchamos estos cuentos en su versión clásica y decidí rehacerlos “a lo Agapita”. Ahora presento  la historia de La bella durmiente. No presento los cuentos infantiles tal y como los hemos leído desde nuestra infancia, sino que acá están reescritos de acuerdo a la imaginación de esta servidora y considerando las condiciones de vida actuales. Que los disfrutes.

La bella durmiente El bello durmiente

Hubo una vez un alcalde y su esposa que deseaban muchísimo tener hijos. Después de un largo tiempo, la señora dio a luz un varón. Había tanta alegría en ese pueblo que decidieron hacer una gran fiesta para el bautizo, casi a nivel de patronales. Habían machinas, juegos, casas de brincos, muchos dulces y hasta los payasos Agapita y Che-ché en tarima. Dado que estaba cerca la época navideña, el alcalde decició nombrar como padrinos a los Reyes Magos.

El alcalde le regaló a cada Rey Mago camellos turbo último modelo, para que cada 5 de enero los Reyes llevaran regalos a cada familia con mayor velocidad.

En agradecimiento y en medio de la fiesta, éstos le otorgaron al joven recién nacido talentos especiales, cantándolos al ritmo de la Bomba:

“La bomba, ay que rica es, es, es,
me sube el ritmo por los pies, por los pies,
mulato, saca tu trigueña,
pa’ que baile Bomba, Bomba puertorriqueña, ¡Bomba!”

El Rey Gaspar, como regalo, dijo: “Serás el mejor atleta. Ya sea en tenis o en chancletas, siempre alcanzarás tu meta”. “¡Bomba!” gritaron todos.

Para no quedarse atrás, el Rey Baltazar dijo: “Formarás el rumbón con cualquier instrumento, hasta con el saxofón tocando flamenco”. “¡Bomba!”

En eso, interrumpió un personaje que no compartía la misma alegría que los demás. Era Año Viejo, que estaba enojado porque no lo habían invitado a la fiesta. Y soltó su bomba:

¡Se han olvidado de mí! Ese varón que está ahí será el mayor de los vagonetas, no lavará su ropa y dormirá una eterna siesta!!!

Todos los presentes escucharon con rechazo la bomba de Año Viejo. Así que mientras lo sacaban de la fiesta comenzaron a cantar:

“No sabe na’, no sabe na’,
no sabe na’ de bombas, no sabe na’”

El conjuro estaba realizado, y al instante entró en un profundo sueño. Pero aún faltaba uno de los Reyes Magos:

Melchor dijo: “No se preocupe, señor alcalde, que ese sueño no será para siempre”. Y para contrarestar las palabras de Año Viejo, cantó su bomba: “Ni deporte, ni instrumento musical del sueño lo van a sacar. Por un aroma dulce vamos a esperar, ese será el único que lo hará despertar”.

La bomba no era muy buena, pero ya que era la única esperanza todos aplaudieron y gritaron ¡Bomba!.

La vida de este chico fue muy extraña. Creció dormido y de su sueño no despertaba. El alcalde buscaba cuanto aroma dulce hubiera en el pueblo y más allá, pero nada resultaba.

Un día, una hermosa joven salió de su casa vendiendo postres para recaudar fondos para la clase graduanda de su escuela. Por casualidad, tocó a la puerta de la casa del alcalde. Éste abrió, e inmediatamente, su casa se llenó de un particular olor. Era una mezcla del olor de los postres con el perfume de la chica. Tan dulce fue el aroma, que al llegar a la habitación donde dormía el bello durmiente, lo despertó. Abrió los ojos, soltó un bostezo y caminó buscando el origen de tan rico aroma. Qué sorpresa se llevó el joven, el dulce aroma pertenecía a la chica en la puerta, que además de linda era tremenda cocinera. Fue amor a primera vista. Primero, porque era la primera joven que veía en muchos años, y segundo, porque dicen que el amor entra por la cocina.

El muchacho le pidió al papá que comprara los postres, y le rogó a la damicela que regresara al día siguiente. De ahí en adelante, ambos se hicieron muy buenos amigos. El joven dejó la vagancia y después de estudiar mucho, se casó con la muchacha y fueron felices por siempre.

FIN

Cuentos reinventados: Los tres cerditos

09-20-2011

Como parte de la serie de posts de cuentos clásicos reescritos “a lo Agapita”, en esta ocasión traigo la historia de Los Tres Cerditos. No presento los cuentos infantiles tal y como los hemos leído desde nuestra infancia, sino que acá están reescritos de acuerdo a la imaginación de esta servidora y considerando las condiciones de vida actuales. Espero que los disfrutes.

Érase una vez tres hermanos cerditos que eran muy diferentes. Vivían en uno de los montes de El Yunque (obvio que no era en Guavate, sino, la historia sería otra). Los cerditos no se sentían seguros pues había un lobo que tomó cursos con el chupacabras y siempre los perseguía para comérselos. Así que para protegerse del lobo, los cerditos decidieron que sería buena idea construirse sus casitas.

Este es el cerdito mayor pensando en la mejor forma de protegerse del lobo.

El cerdito pequeño construyó su casita con cartones que consiguó en la parte de atrás de una mueblería. La verdad es que no le importaba mucho protegerse del lobo porque confiaba en que nunca le pasaría nada malo. No se tomó mucho tiempo construyendo su casita, pues las ventanas sólo estaban dibujadas a crayola. Así, terminó rápido y pudo vestirse para irse a bailar al Festival del Merengue, que sería esa noche.

El mediano pensaba que debía dedicarle un poco más de casco a la construcción de su casa. Por eso, la hizo de acuerdo a los cursos de boy scout que tomó alguna vez… y montó una gran caseta de campaña de tres cuartos. La tela plástica de la caseta era calurosa pero no importaba porque ésta tenía ventanas de verdad. Terminó pronto y llamó a su hermano menor al celular para saber a qué hora saldrían al baile.

El mayor trabajaba en su casa de cemento (los ladrillos están pasados de moda). Se esforzó mucho. Su casa tenía puertas y ventanas de seguridad. También tenía tormenteras y alarma contra robos.

-¡Ya van a ver lo que hace el lobo con sus casas!- texteó el cerdito mayor a sus hermanos mientras éstos se la pasaban de lo lindo.

Muy tarde en la noche los cerditos regresaron a sus casitas. No se percataron que el lobo estaba muy hambriento rondando el área y los miraba desde lejos. El lobo se acercó a la casa del cerdito pequeño y gritó desde afuera de la casa de cartón: -¡Sal de ahí o soplaré, soplaré, y tu casa derribaré!-. Por el miedo, el cerdito no salió. El lobo sopló y sopló y la casita de cartón derrumbó.

Cuando el cerdito vio que el lobo lo dejó sin casa, corrió rápidamente hacia la casa de su hermano mediano. Éste abrió su caseta de campaña y lo dejó entrar. El lobo siguió al cerdito hasta la segunda casa. Nuevamente dijo, esta vez a los dos cerditos: -¡Salgan de ahí o soplaré, soplaré, y esta casa derribaré!-. El susto que llevaban los cerditos era tal que no salieron. Así que el lobo sopló fuertemente hasta destruir la caseta de campaña.

El lobo está en tratamiento de hielo tras la pegá que se dió en el barbiquiú

Los cerditos quedaron sin refugio y no les quedó más remedio que correr nuevamente, esta vez hacia la casita del cerdito mayor. El lobo siguió a los cerditos hasta la tercera casa. Nuevamente gritó desde el exterior: -No podrán seguir huyendo de mi, los alcanzaré. ¡Salgan de ahí o soplaré, soplaré, y esta casa también derribaré!-. Como los cerditos no salían, el lobo decidió soplar… y soplar… y soplar… y soplar… y soplar… y soplar… y soplar… y siguió soplando hasta quedarse sin aliento. Mientras tanto, los cerditos, como buenos puertorriqueños, aprovecharon los vientos huracanados para hacer un barbiquiú. Por más que el lobo sopló, la casa no sufrió ningún daño. Pero el lobo no se dio por vencido. Intentó brincar la verja de la casa de cemento, pero dio la mala pata que cayó justo sobre el carbón encendido que tenían los cerditos.

 

Tal fue el grito del lobo que se escuchó su aullido de Fajardo hasta Rincón y así aprendió su lección. También los cerditos menor y mediano aprendieron que el vago pasa doble trabajo pues ahora tendrían que reconstruir sus casas.

FIN

Cuentos reinventados: Caperucita Roja

09-16-2011

Este es el primero de una serie de posts de cuentos clásicos. Lo particular es que están reescritos de acuerdo a la imaginación de esta servidora y considerando las condiciones de vida actuales. Espero que disfrutes estas versiones. El cuento a continuación es Caperucita Roja.

Había una vez una niña de lo más graciosita. Su madre le había comprado un abrigo rojo y la niña lo usaba tanto y tanto (sin darle percha) que todo el mundo la llamaba Caperucita Roja.

Un día, su madre le pidió que le llevara a su abuela unos bowls con comida (porque estaba perdiendo destrezas en el arte de la cocina). La abuela vivía al otro lado del bosque, así que la mamá de Caperucita Roja le recomendó que no se entretuviera por el camino, pues cruzar el bosque era muy peligroso, ya que siempre andaba acechando por allí el lobo. ¡No, mejor aún! La mamá le pidió que mejor le diera la vuelta al bosque y fuera por un camino más seguro, aunque el tramo fuera más largo.

Caperucita Roja recogió el paquete con los bowls de comida y se marchó. Aunque la mamá le dio la instrucción de darle la vuelta al bosque, la niña prefirió atravesarlo para llegar a casa de la Abuelita, porque no le daba miedo y allí siempre se divertía al pasar: veía los pájaros, las ardillas y jugaba con ellos.

Mientras caminaba, de repente vio al lobo, que era grandote, delante de ella.

- ¿A dónde vas, niña?- le preguntó el lobo con su voz ronca.

- Voy a casa de mi Abuelita- le respondió Caperucita.

Cuando el lobo escuchó a dónde iba la chica, verificó en el GPS de acuerdo a las coordenadas del sitio. – No está lejos- pensó el lobo para sí, dándose media vuelta.

Caperucita puso sus paquetes en la hierba y se entretuvo cogiendo flores: – El lobo se ha ido -pensó-, no tengo nada que temer. La abuela se pondrá muy contenta cuando le lleve un hermoso ramo de flores además de la comida-.

Mientras tanto, el lobo se adelantó y fue a casa de la Abuelita, llamó suavemente a la puerta y la anciana le abrió pensando que era Caperucita. Un cazador que pasaba por allí había observado la llegada del lobo.

Foto tomada por el cazador desde su celular, cuando se asomó a la ventana de la casa de la abuela.

El lobo devoró a la Abuelita y se puso el gorro rosa de la desdichada, se metió en la cama y cerró los ojos. No tuvo que esperar mucho, pues Caperucita Roja llegó enseguida, toda contenta.

La niña llamó a la puerta y entró, pues tenía llave. Fue al cuarto, se acercó a la cama y vio que su abuela estaba muy cambiada.

- Abuelita, abuelita, ¡qué ojos más grandes tienes!

- Son para verte mejor- dijo el lobo tratando de imitar la voz de la abuela.

- Abuelita, abuelita, ¡qué orejas más grandes tienes!

- Eso me pasa por usar aretes pesados- siguió diciendo el lobo.

- Abuelita, abuelita, ¡qué iPhone tan grande tienes!

- No es un iPhone, es un iPad- respondió el lobo ya incómodo.

- Abuelita, abuelita, ¡qué dientes más grandes tienes!

- Son para…¡comerte mejoooor!- y diciendo esto, el lobo malvado se abalanzó sobre la niñita y la devoró, lo mismo que había hecho con la abuelita.

Mientras tanto, el cazador se había quedado preocupado luego de haberse acercado e ido otra vez, y creyendo adivinar las malas intenciones del lobo, decidió regresar y echar un vistazo a ver si todo iba bien en la casa de la Abuelita. Pidió ayuda a un segador y los dos juntos llegaron al lugar. Vieron la puerta de la casa abierta y al lobo tumbado en la cama, dormido de tan harto que estaba.

El cazador sacó su cuchillo y rajó el vientre del lobo. La Abuelita y Caperucita estaban allí, ¡vivas! (no se me ocurrió cómo cambiar esta parte)

Para castigar al lobo malo, el cazador lo llevó a un refugio de animales. Como era un animal peligroso, lo pusieron en la lista de “traslados al más allá”. Cuando el lobo se dio cuenta del plan que tenían con él, solicitó terapia rehabilitante, pues quería una oportunidad de vida. En esa terapia lo ayudaron en manejo del coraje, dieta saludable y propósito de vida. Luego supimos que el lobo decidió volverse vegetariano por respeto a las criaturas y seres que se mandó en sus tiempos de portarse mal.

En cuanto a Caperucita y su abuela, no sufrieron más que un gran susto (y peste por estar dentro de la barriga del lobo), pero Caperucita Roja aprendió la lección. Prometió a su Abuelita no hablar con ningún desconocido que se encontrara en el camino; y prometió a su mamá seguir instrucciones y caminar por donde la mamá le indicara. De ahora en adelante, seguiría las juiciosas recomendaciones de su Abuelita y de su Mamá.

FIN