Hace varios días sucedió una tragedia de la cual no quería opinar, por lo delicado del asunto. Una mamá olvidó a su niño en el auto y se fue a trabajar. Cuando recordó que tenía el niño allí, ya era tarde, lamentablemente falleció. Era el papá quien regularmente lo llevaba al cuido, pero ese día la tarea le tocó a ella.
Eso me tenía en mutis hasta ahora, pues esta mañana en la radio hablaban del asunto y el locutor dijo una frase que me impactó: “No deje que la rutina le arrebate a su familia”. No estoy en las de señalarla porque yo aún no tengo hijos, y no me imagino la responsabilidad. Tampoco estoy en sus zapatos para comprender la situación en la que se encontraba para haber olvidado al niño.
Lo que sí me imagino es que debe haber estado muy ajetreada para haber olvidado que tenía que llevar a su infante al cuido. Es muy triste escuchar noticias como ésta, pero es necesario que tengamos claro que debemos esforzarnos por no permitir que la rutina del día a día opaque los tesoros que la vida nos regala.
No juzguemos, por el contrario, estemos alerta. Si sabes que la rutina de llevar o traer a los niños cambia, mantente alerta. Si no te toca llevar a los niños, llama al que le toca para recordar, o llama al cuido, o al lugar que corresponda. No te quedes pensando que lo llevó y ya, no des por sentado las cosas. Es mejor pasar un poquito más de trabajo que pasar por una tragedia.
Ya, prometo escribir algo más agradable luego.



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